Hace ya mas de seis años que tuve la oportunidad de conocerte en tu natal estado de Guanajuato. Siento que nuestro encuentro fue único y especial puesto que en el mismo instante en que nos dimos la mano, nos identificamos plenamente. Además de nuestras ideas, nuestros perfiles y antecedentes eran muy similares; rancheros, egresados de Universidades privadas en las cuales habíamos estudiado casi lo mismo, estudios de post grado y complementarios en los EU, nuestra especial relación con la familia Clouhtier de Sinaloa, pero sobre todo, nuestro deseo compulsivo de expulsar el priísmo de los corredores del poder que habían ejercido durante casi un siglo.

Unos días después de nuestro encuentro recibí una carta tuya en la que me dices: “Toda la filosofía que manejas es la que manejamos en la oposición y particularmente en el PAN. Yo he decidido entregar mi vida y mi tiempo para buscar un cambio en nuestro país, porque al igual que tu, vemos como desaprovechamos las oportunidades y cómo seguimos cayendo en un precipicio sin fin a través de no remediar lo más elemental, que sería una estructura política que genere buenos gobernantes y que asegure administraciones honestas y transparentes y de un compromiso total de impulsar a nuestro país hacia la grandeza que se merece, y merecemos todos los mexicanos.”

El resto de la misiva me pareció una clara invitación a participar en ese cambio a través de ejercer la política. Mi respuesta fue muy clara cuando te expresé en otro comunicado mi compromiso de participar pero en el mundo de las ideas, en el campo de batalla de los ideales, de los sueños para hacerlos realidades. Uno de los motivos que te di para no involucrarme en la política, fue mi poca tolerancia para la confrontación aun siendo positiva, y también mi carácter explosivo ingredientes letales en ese campo minado en especial de la política mexicana.

Tu mensaje permitió darme cuenta de la magnitud de tu propósito y habías hecho de él, tu deber supremo. Aun ante fracasos anteriores al tratar de lograrlo, los considerabas como parte del camino hacia tus logros, habían fortalecido tu carácter y tu determinación y esa era la verdadera medida de tu éxito. Pude también entender que en tu equipaje no cargabas dudas ni temores; y aquellos que conquistan las dudas y los temores, conquistan el fracaso, hacen que las condiciones les sirvan, piensan con valor, atentan sin temor y logran con maestría. En esos momentos supe que lograrías ese gran sueño. Tu visión era la profecía de lo que estaba por revelársete.

Pues bien; has llegado a donde pretendías para provocar ese cambio. Sin embargo, en días pasados el mundo entero de la comunicación se ha volcado en tu contra precisamente por eso; la falta de tolerancia.

El líder debe ser siempre sujeto a la eterna vigilancia de sus gobernados. Recuerda el juramento Yaqui: “Un gobierno es como el frió o el calor, todos lo sienten; La vara de mando que te damos es una antorcha, si te quedas mucho tiempo con ella, te quemarás las manos. Tú eres hombre que estará sobre los hombres. Tu casa no tendrá puerta y la vereda a tu enramada se hará más ancha. Tendrás paciencia porque todos tomarán agua de tu aguaje. Cuando tienes la vara de mando, sólo a ti te pega el sol. Recuerda que es más fácil hablar que cumplir lo que se debe dar. Sabrás que no todos los que gritan a tu choza saben respetar a L’itol. No olvides que en al monte hay muchas aves canoras, pero también hay víboras y coyotes.”

Me voy a permitir el dar un consejo al Presidente de la Republica, algo que en el pasado se tomaría como un sacrilegio, pero esto es parte de ése cambio que estamos viviendo y muchas gentes no lo ven. Vicente; si algo necesita un buen gobernante es “serenidad.” Serenidad es una de las joyas más hermosas de la sabiduría. Es el resultado de un largo y paciente esfuerzo de auto control. Su presencia es una indicación de experiencia madura y del más extraordinario conocimiento de las leyes de operación del pensamiento.

El hombre sereno habiendo aprendido a gobernarse a sí mismo, sabe como adaptarse a otros, ellos admiran su fortaleza espiritual y sienten que pueden depender de él y sobre todo, aprender de él. A medida que el hombre acrecenta ese control, más grandes serán sus triunfos, su influencia y su poder para hacer el bien. El hombre fuerte y sereno es siempre amado y venerado. Es un árbol que da sombra en la desolación de un desierto, un refugio en medio de una tempestad. Un corazón tranquilo lo será siempre no importa llueva, el sol esté radiante o las agresiones que les lleguen a los que poseen esa bendición; porque ellos siempre permanecen serenos. Serenidad es la última lección de la cultura; es el florecimiento de la vida, es el alma reflejada en el océano de la verdad, por debajo de las olas, lejos del alcance de la tempestad, es la calma eterna.

La humanidad explota con incontrolable pasión, se estremece y llora de dolor ingobernable, grita y sufre hundida en las dudas y la ansiedad. Solamente los hombres sabios, los que controlan y purifican sus pensamientos hacen que los vientos y las tempestades del alma les obedezcan. En el océano de la vida las islas de bendición te sonríen, las soleadas playas de tu ideal esperan tu arribo. Mantén la mano firme en el timón de tus pensamientos. En el buque de tu alma descansa el comandante maestro; está dormido; despiértalo. Autocontrol es fortaleza; paciencia es maestría; calma es poder. Di a tu corazón; la paz sea contigo.

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